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Roma: Los retratos invisibles de la ciudad

 

Por Mauricio Pastrana – Creativo en Guayabo Films

 

Cada mañana en la Ciudad de México, entre sueños, se cuelan por mi ventana los camiones rechinando, la gente corriendo y varios cláxones de autos. Entonces los aviones zumban por el cielo y me quitan el sueño. Así como la ciudad tiene una peculiar forma de hacernos despertar, con la misma delicadeza cargada de tensión, Roma hizo lo suyo al salir de la sala de cine. La nueva película de Alfonso Cuarón emergió poco a poco en el recuerdo, una memoria me llevó a la otra, una puerta abrió otra más profunda.

 

Roma narra la vida de una familia en la colonia con el mismo nombre de la película. Bajo el mando de una fantástica interpretación de Yalitza Aparicio y detrás de las paredes de la colonia Roma surge Cleo, una trabajadora dedicada a limpiar el hogar y cuidar a los 4 hijos de Sofía, interpretada por Marina de Tavira, y Toño. Poco a poco se va desenlazando una historia de abandono y resistencia ante una sociedad machista y frágil. La película ganadora del León de Oro en Venecia sintetiza al México de los setenta, el de los juegos olímpicos, el de Luis Echeverría y los movimientos estudiantiles; pero se manifiesta en favor del México actual y alza la voz en son de muchas familias mexicanas.

 

Con la carga de los recuerdos del pasado, es cómo percibimos el presente. Roma es tan contemporánea que no es solo un recuento del pasado, sino una mirada a la ciudad moderna. Una ciudad con la misma discriminación y machismo, donde un “Te quiero mucho” a las trabajadoras del hogar trae consigo un “pero sigue cuidando niños y recogiendo mierda”. Así, en primer plano, Cuarón muestra a Cleo recogiendo la popó del perro. Y la cámara recorre ese movimiento vigente y universal, porque quiere hacer visible a lo invisible, a la criada, la muchacha, la sirvienta. Con ese mismo movimiento recorre las calles cargadas con el recuerdo del movimiento del 68, movimiento detonador del Halconazo y luego de la masacre de Aguas Blancas y San Fernando y Tlataya y Ayotzinapa. Todo esto en blanco y negro.

 

Roma centra la historia en dos mujeres, Cleo y Sofía, mujeres abandonadas y frágiles desde la masculinidad mexicana y no es necesario saturarlo de color. El director mexicano opta por usar la imagen en silencio dejando solo la historia. Entonces el guion te envuelve, poco a poco, sin censuras, pero sí con una belleza y sutileza impecables.

 

Es así como Cuarón captura hasta el último detalle. Desde el estruendoso mar causado en la vida de miles de familias mexicanas por la figura del padre ausente, hasta una trabajadora del hogar lanzando una cubeta de agua para limpiar; reflejo de los problemas de raza y clase de nuestro colectivo mexicano y de los aviones, esos ruidosos despertadores que nos levantan para vivir un día más en este país en reconstrucción.